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sábado, 5 de noviembre de 2016

Carmina Burana en el Castillo


El 25 de octubre de 2016 asistimos al evento en el Castillo de Chapultepec que organizó Gourmet & Arts, amigos de las artes, invitados por nuestra querida amiga, Miriam Narváez, de Narváez Group.

En la elegante invitación publicó que este evento sería en apoyo a Somepar, la Sociedad Mexicana de Pacientes Renales que Claudia y yo presidimos. Este gesto de generosidad será siempre muy bienvenido, sobretodo, por los pacientes y sus familias que reciben apoyo en especie de acuerdo a sus necesidades. 


Al llegar a las faldas del cerro nos subimos en una elegante camioneta Lincoln blanca, que nos subió hasta el castillo. Pero, ¿de qué se trató el evento en tan majestuoso escenario? Pues de Carmina Burana de Carl Orff, una obra apoteósica, interpretada por la Orquesta y Coro Sinfonieta Mexicana, cuyo director titular y concertador es nada menos que Michael Meissner, quien además de ser multipremiado y reconocido internacionalmente ha restaurado y editado obras de Antonio Vivaldi, José Rolón, Manuel M. Ponce, José Pablo Moncayo Silvestre Revueltas, Antonin Dvorak, Robert Schumann y Manuel De Falla, lo que es mucho decir de un originario del norte de Alemania, pero que ha vivido entre nosotros desde 1990. 

Tiempo suficiente para apropiar el espíritu latinoamericano y dispensar bromas y buen humor como cualquier veracruzano. Además, es director titular de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, en Ecuador, lugar del que está enamorado, según el entusiasmo de sus comentarios al respecto. 

La obra de Orff consta de una introducción, tres partes y un final con un total de veinticinco números. Esta versión constituye, junto a Catulli Carmina y el Triunfo de Afrodita la trilogía Triunfis. La obra se compone principalmente de versos en latín, aunque cuenta con fragmentos en alto alemán medio y provenzal antiguo, y son una invitación a la concupiscencia, un canto lascivo que exalta los excesos del cuerpo; pone en primer plano los placeres de la carne y evoca las Saturnales romanas o las Bacanales griegas, donde en torno a las viandas, los cuerpos y las uvas una pequeña comunidad de jóvenes se extasía en una orgía de sentidos. Aproximadamente la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores. Su riqueza rítmica es, tal vez, la característica más importante. Si escuchamos bien vamos a identificar, por el estilo de los remates, las armonías y los ritmos, alguna influencia de Las Bodas y Edipo Rey de Igor Stravinsky.

 
Y como lo hiciera Oskar Walterlin el 8 de junio de 1937 en la Alte Oper de Francfort del Meno, Meissner desplegó sus encantos para dirigir esta cantata escénica compuesta entre 1935 y 1936, utilizando como texto veinticinco de los poemas medievales de Carmina Burana, una especie de Eclesiastés punk, a mi gusto. Verán por qué.

O Fortuna,
como la luna
cambiante,
siempre creciendo
y decreciendo;
detestable vida
primero oprimes
y luego alivias
a tu antojo;
pobreza
y poder
derrites como el hielo.

Este fragmento de O Fortuna traducido al Español por Jazmina Burana plantea el tono dramático de la obra: “Vanidad de vanidades, ¿qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol? Nada hay nuevo bajo el sol, dice el Eclesiastés en su capítulo primero. 

O como en la Taberna, en traducción al español de Luperversa.

Algún juego, alguna bebida,
algo que disfruten unos y otros
de aquellos que se quedan a jugar.
Algunos están desnudos,
otros están vestidos,
y otros cubiertos con sacos.
Ninguno teme a la muerte,
y echan suertes en honor a Baco.

Correspondencia ideológica con el capítulo 2 del libro citado: “Ven, te haré experimentar el placer, goza del bienestar, pero esto también es vanidad”. En ambos poemas hay un espíritu de desencanto gozoso, y una exaltación del placer y el vino. Por eso el ritmo y la estridencia a veces, siempre moderada de Primo Vere, Uf dem Anger, In Taberna, Cour d’amours, Blanziflor et Helena y Fortuna Imperatrix Mundi, nos llevan por un viaje interior que conecta con nuestros deseos más profundos, los caprichos, los gozos y los anhelos, inquietando, a través de las percusiones y metales, la armonía unificadora del piano.

 
Las voces de Lizbeth Ochoa, soprano; Edgar Villalba, tenor; y Armando Gama, Barítono, encarnan en diferentes momentos, cuando no se entrelazan, como en la emblemática Tempus est iocundum, piezas de exquisita delicadeza como Chramer, gip die varwe mir (Soprano y coro) , Olim lacus colueram (tenor y coro), o Ego sum abbas (Barítono y coro). Esta agrupación coral se expande en todo su esplendor en Ave formosissima y obviamente en la O Fortuna final.


 
Carl Orff
El nombre que Orff le dio originalmente a este concierto es Cantiones profanae Cantoribus et choris cantandae Comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis. En español, esto que suena a encantamiento significa Canciones laicas para cantantes y coreutas para ser cantadas junto a instrumentos e imagenes mágicas, y se ve reflejado en el alegre dramatismo que sobre los timbales imprime su ejecutante, como una hechicera que a través del movimiento de sus brazos y sus varas de poder revuelve en sus calderos percusivos la pócima de la felicidad. La tambora da pasos firmes y acompaña a la melodía en su andar, lo mismo que truena para enfatizar lo provocadora de una frase. Las campanas tubulares y la flauta transversal son un binomio casi contradictorio que genera un efecto electrizante.

 
La Ciudad de México vista desde la altura del cerro del Chapulin es una mancha de luces que no acaba. El aire se filtra por los pasillos del Alcázar, nos eriza la piel, y enfría la nariz. Para ser consecuentes, y entrar un poco en calor, una copa de L.A. Cetto rojo, rosado, blanco o espumoso y canapés. Trocitos de pollo en salsa de cilantro, tostadas con mariscos, sorbete de queso azul con perejil. Estoy seguro que este último se lo acabó el fantasma de Maximiliano, que embozado en una capa de terciopelo rojo, rondaba los pasillos de su antiguo domicilio.



Fotos: Claudia López Vargas.
José Manuel Ruiz Regil (1968) Publicista egresado de la Universidad de la Comunicación (1988-1992). Estudió el Diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores de la S.O.G.E.M. (1993-1995) Ha publicado cuento, poesía y ensayo en diferentes medios físicos y electrónicos como la revista Mexicanísimo, Este País, La Gualdra, El síndrome de Stendhal, Sinembargo.mx y los Blogs Relatos y figuraciones, laboratorio de poesía y El arte de la crítica. Todos en blogspot. Es profesor de cuento y poesía en la Escuela de Escritores. Imparte el taller de creación literaria “Serendipity” en Taller de Arte Coyoacán. Es fundador del proyecto Hablar de libros, taller de lectura y discusión. Sus más recientes libros son Vario mar incesante, aproximaciones a lo irreductible (Ensayo, 2013) y Testamento del caminante (Poesía, 2014). Actualmente, trabaja en su segundo libro de ensayo creativo Para nombrar el asombro, de próxima aparición.

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