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viernes, 17 de julio de 2015

"Donde termina el cielo" exposición polifónica en Fundación Sebastian




Ciudad desnuda

Cuatro disciplinas, un sólo tema. Autores de una generación con una práctica sólida, un trabajo consistente y una preocupación común: la aprehensión de su medio, la reflexión sobre el entorno en su dimensión macro y micro; el retrato de sus contrastes, sonidos y texturas; los sabores y sinsabores de la urbe, ese espacio que ocupamos todos y del que nadie -casi- se preocupa; confluencia de formas, espacios, momentos y atmósferas que desnudan la ciudad.

Miguel Morales (video-fotografía), Eduardo Caamaño (pintura), Eduardo Romo (escultura) y Héctor Murrieta (música), construyen una polifonía urbana que suena a muchedumbre, a tráfago, a multitudes silenciosas, a ausencias elocuentes, y también a soledad y abandono; a marginación, desigualdad y privilegios, transas e ilusiones.

¿Dónde empieza el suelo? “Donde termina el cielo”, responden los autores, para abordar esta frontera diversa, indefinida, confusa y a veces violenta hacia donde dirigen su mirada estética, para entregar al público el resultado de sus cavilaciones; donde la cultura expresa su más alta perversión de la naturaleza. Esta muestra co-individual a cuatro voces es un trabajo en equipo en el que no se busca homologar el lenguaje artístico, sino contraponerlo, complementarlo sin redundar, y al hacerlo hallar afinidades y diferencias, retos y homenajes, memorias y transformaciones, desde la azotea más alta hasta el mínimo detalle en la estructura de su base; desde el paisaje hasta el objeto de desecho. Todo cobra sentido al amalgamar estas visiones en cuatro disciplinas que se relacionan con autonomía inter-dependiente.

Música, pintura, escultura y video-fotografía son los lenguajes protagónicos de “Donde termina el cielo”, una declaración que ubica los sentidos en todo aquello que se erige desde el suelo hasta los rascacielos de la cultura. La ciudad, sus cimientos, columnas, puentes, calles, muros, desniveles, complejos habitacionales, cruces, torres corporativas, monumentos, edificios históricos, parques, plazas, y no sólo eso, sino también el detalle de su construcción, sus formas, la sugerencia de sus espacios interiores, la evidencia de una efimeridad que en el arte se vuelve permanente; la condición de sus habitantes, sus constructores y explotadores.

   
Foto: Miguel Morales.
El video y collages fotográficos que muestra Miguel Morales en la sección “La prioridad del concreto” son una mirada crítica sobre la expansión cancerígena que ha supuesto el boom de la vivienda de interés social. Una burbuja comercial que estalló dejando una secuela de exiliados, deudas y ciudades abandonadas en la zona conurbada del Distrito Federal, y un deterioro de los ecosistemas naturales y sociales, y también del desparpajo variopinto con el que la construcción informal, los asentamientos humanos irregualares han conquistado por necesidad y en connivencia de las autoridades, espacios sin infraestructura para recibir a esos grupos, que además, invaden, depredan y contaminan el propio medio ambiente donde viven. Viviendas improvisadas, ciudades fuera del tiempo y del cobijo de la ley.

Esta tendencia a la “urbanización desurbanizada” se ha convertido en una plaga estos últimos años, la colonización de la tierra por el concreto. Tendencia que no es exclusiva de la metrópoli, sino que se expande rápidamente por todo el territorio nacional.

En una vista a vuelo de pájaro, Morales retrata y denuncia el caos, la falta de planeación, la avidez empresarial y las condiciones en que se desarrolla el sueño-paradoja de “la calidad de vida”. En estas imágenes tomadas desde un helicóptero, podemos dimensionar el avance del concreto sobre la tierra; las concesiones a la codicia a cambio de la ilusión de una familia que empeña su vida en adquirir una vivienda que no habitará, y deberá para siempre. Terrenos de cultivo sacrificados, mantos acuíferos contaminados, cerros erosionados por las obras y por las sobras humanas. Arados de asfalto, retículas de miseria, laberintos hipotecarios, nidos de delincuencia, proyectos truncados, paradojas de la productividad.

Miguel Morales Díaz (México, 1964). Estudió Fotografía en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM. Ha expuesto de manera individual y colectiva en diferentes ciudades del país y del extranjero: Su primera exposición fue "Retratos Morales", en la Galería Expósitvm, 1993. “Hay Muertos que sí hacen ruido” Casa Museo León Trotsky, 1988. “Sebastián, 12 fotógrafos” Galería Expositvm, 1992. “Una Galería de Escritores Contemporáneos”. Instituto Francés de América Latina, 1993. “Erótica 95” Galería 20/30, 1995. “VII Bienal de Fotografía”. Centro de la Imagen, (1995). “Becarios del Fonca”. Centro de la Imagen,1996. “Tsuru, un Haikoo Escultórico de Sebastián”. El Telón de Asfalto, 1996. “Creación en <Movimiento”. Becarios del FONCA 1994-95, Museo Carrillo Gil, 1996. “Blanco + Negro + Gris”. Poliforum Cultural Siqueiros, 1996. “Nobody’s Workshop” Kunsthalle de Bregenz, Austria, 1997. “El Cuerpo Aludido” MUNAL, 1998. “Nuevos Fotógrafos Mexicanos”. Centro de la Imagen, 1999. “Nobody’s Workshop” Vantaan Kaupunginmuseo, Helsinki, Finlandia, 1999. “Clavadistas de la Quebrada”, Centro Cultural Mexicano de Nueva York, 2001, entre otras.

Los últimos años ha tabajado en la elaboración de videos experimentales y de comunicación audiovisual, incursionando con nuevos métodos de animación y proyección. En el año 2000 publicó el libro “Senderos e Imágenes de la Música” en colaboración con el chelista Carlos Prieto.


   
Foto: Eduardo Caamaño.
Eduardo Caamaño Gatica (México, 1966) presenta “Bajo el cielo”, una serie de cuadros al óleo de distinto formato y dos dibujos a lápiz, en los que retrata fachadas, puentes, glorietas, monumentos y otros rincones de las zonas más emblemáticas de la ciudad de México como la Colonia Roma, Avenida Paseo de la Reforma, Periférico, el Centro Histórico.


Estas piezas, además de ser un documento que fija la memoria en un punto y momento determinado de la historia de la urbe, también son un pretexto para invitar al espectador a completar la composición en su mente, una suerte de Pareidolia que quiere saber dónde es, qué hay junto, qué pasó ahí, para continuar la escena en la imaginación, dando pinceladas de recuerdos, señas y experiencias individuales o colectivas, asociadas al lugar referido. Es el caso del Edificio Balmori construido en 1922 por el Arquitecto Ignacio Capetillo y Servín, y remodelado de 1991 a 1994 por el Arquitecto Juan Pablo Suberbie Corona.

Quien reconozca esta esquina de la colonia Roma, Álvaro Obregón y Orizaba, inmediatamente recordará que en la planta baja de ese predio entintado de amarillo Nápoles, con un kiosko en lo alto de su torre, hay una casa de té; que haciendo un recorrido en el sentido de las manecillas del reloj a partir de ese punto, cruzando Orizaba está Casa Lamm; que enfrente está el restaurante Los sobrinos, y en la siguiente esquina El Diez, en la planta baja del Edificio Orizaba, en cuya esquina hay un puesto de periódicos, testigo de todas las transformaciones alrededor.

La serie “Caballito” muestra aspectos de la glorieta de Reforma y Bucareli, donde se encuentra el edificio de la Lotería Nacional, el primer rascacielos de la Ciudad de México, inaugurado en 1946 en un estilo art decó diseñado por los Arquitectos Manuel Ortiz Monasterio, Bernardo Calderón y Luis Ávila, y construido por el Arquitecto José Antonio “El loco” Cuevas, quien integró la innovación antisísimica, llamada “Sistema de flotación elástica”. Frente a este edificio, llamado el “Moro”, por la reminiscencia que hacía del Kiosko Morisco del Ingeniero Ramón Ibarrola, el cual representó a México en las exposiciones universales de 1884 (Nueva Orleáns), 1889 (Paris) y 1904 (San Luis Missouri), se levanta un edificio moderno de cristal-espejo. Ambos flanquean la moderna abstracción geométrica de Sebastián (Enrique Carbajal), pintada de amarillo, que desde 1979 sustituye a la estatua ecuestre de Felipe IV realizada por el escultor y arquitecto Manuel Tolsá, y que hoy se encuentra en la Plaza del mismo nombre. Caamaño se asoma a esta encrucijada y se planta en medio del desfile de automóviles mudos para fijar en su memoria este palimpsesto urbano.

“Plaza Tolsá”, más que mostrarnos la estatua ecuestre del Rey, conservada por su valor artístico, a pesar del sentimiento antiespañol post-independentista, hace un guiño al espectador para reconocer los edificios que lo rodean: El Palacio de Minería, Correos, El Museo Nacional de Arte. Su emplazamiento nos sugiere estar sentados en la terraza del restaurante Los girasoles, en Tacuba. Desde ahí, podemos imaginar a la izquierda El jardín de la Triple Alianza, con los relieves de Izcóatl (Serpiente de Obsidiana), gobernante de los mexicas; Netzahualcóyotl (Coyote hambriento o en ayuno), gobernante de Texcoco; y Totoquihuatzin (entrada de aves), gobernante de Tlacopan o Tacuba, obras que realizó el escultor aguascalentense Jesús Fausto Contreras en 1866. Más adelante, el Club de periodistas, y en la esquina de Filomeno Mata y 5 de mayo, la legendaria cantina La ópera.

En su serie dedicada a puentes, Caamaño nos regala una vista a ojo de hormiga del Distribuidor de San Lázaro. Es como verle los calzones a la vialidad. En esta composición confluyen Av. Ing. Eduardo Molina, Viaducto y Av. Francisco del Paso y Troncoso, y la estación del metro San Lázaro. Me llama la atención que en todas las estampas de este autor bi-pátrida el elemento humano, promotor de todas estas estructuras y usuario multitudinario, está ausente. Apenas se intuye su presencia al interior de los coches, en el metro o en los locales de las plazas. La glorieta de la palma, las torres de nuestro orgullo en chapultepec, edificios de oficinas emergentes cambiando la fisonomía de algunos sitios tradicionales de la ciudad (glorieta de insurgentes).

Eduardo, hijo de Español y Oaxaqueña, nació en México y estudió en Palma de Mallorca en el taller del maestro Joan Vich. Ha participado en más de dieciseis exposiciones colectivas en México, Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca, y ésta es su quinta exposición individual, desde que llegó a México en 2007. Su acercamiento a la ciudad es a partir del asombro, del disfrute del encuentro con las esquinas, los edificios, los puentes, las calles, que le sorprenden por su parecido con su patria trasatlántica, y le maravillan con sus composiciones caóticas de absurda practicidad (véase el enredijo de cables que rodean el poste de luz, intersecciones, contradicciones, promiscuidad de información y peligro, y sin embargo, funciona).


Estos óleos son el entorno natural para descubrir las esculturas tridimensionales de Eduardo Romo, quien muestra tres piezas de su serie: “Obra Negra”, parte de la cual se exhibe actualmente en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en el marco de la XI Bienal Femsa Monterrey, 2014.

   
“Columna Jónica” se erige a partir de la sobreimposición de cubos huecos de madera, ensamblados perfectamente para construir una torre; una estructura modular de cinco metros de altura, hecha de tablas de la misma dimensión, adosadas una sobre otra, minuciosamente atornilladas a su bastidor. El copete horizontal de la columna es una estructura hueca que servirá de base para los remates tradicionales.

Sin embargo, este obelisco chato no va a ningún lado ni sostiene frontispicio alguno. Su funcionalidad rebasa lo práctico. Es su intención y la evidencia en el manejo poco común de los materiales lo que resalta; la estetización de los procesos de construcción, la fijación de lo transitorio, el placer de jugar, repetir e imitar. Así como el músico interpreta una partitura en varios estilos, Romo reinterpreta los procesos arquitectónicos, urbanísticos y albañileriles, visibilizando procesos, estructuras de apoyo, herramientas, tablones, polines y objetos secundarios que en lo cotidiano pasan desapercibidos, como es el caso de “Pérgola”, la cual comparte con “Cielo raso” (Bienal Monterrey) la transgresión de la escala humana en su funcionalidad.

Las piezas que componen “Obra negra” tienen una misión más allá de reproducir los elementos o descontextualizar las herramientas de trabajo, como las líneas auxiliares de los planos que después constituyeron una moda en el diseño; es decir, no son aquello que representan, son otra cosa, son el juego de elementos que en la realidad sirven para apuntalar, contener y equilibrar la columna. Los elementos de la cimbra, maderas, alambres, cajones, a diferencia del uso real, son aquí protagonistas, lexemas de un discurso que alman el castillo de logos. Así, en “Estructura de contención”, que privilegia no la mezcla que contiene y tendrá una utilidad práctica, sino los apoyos que le permiten a esa estructura ser y sostenerse por sí misma. El preciosismo, característico de este autor se esmera en pulir, tallar y detallar las tablas y refuerzos que en otro modo serían basura.

Las columnas de la antiguedad sostenían capiteles, frontispicios, formaban espacios sagrados como en Luxor o Atenas, eran visibles. Hoy son elementos esenciales para erigir toda construcción, parte de su esqueleto, cualquiera que sea su vocación. Además, es el símbolo de lo que se mantiene en pie en la ciudad, a pesar de las remodelaciones, modificaciones, catástrofes o modas. En otro plano -el ideal-, representan los valores que mantienen el trabajo cotidiano de millones de personas que conforman la sociedad.

Como dice el mismo autor : “Mi trabajo camina entre el dibujo, la instalación y la escultura, entre los medios tradicionales y digitales. Para mi, todo parte de la forma y se reduce a la re-interpretación de la misma”.

Eduardo Romo (México, 1966). Estudia artes plásticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), 1984. En 1992, se incluye en el “Diccionario de Escultores” de la Maestra Lily Kassner, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).

Individualmente ha expuesto en más de 20 ocasiones, destacando: Falsas estructuras, Museo Ex Teresa Arte Actual, Ciudad de México, 2012, Procesos, Museo de Bellas Artes de Toluca, Toluca, México, 2009, Dos planteamientos-una visión, Galería José María Velasco, Ciudad de México, 2004 y Drawings, Galería del Vermont Studio Center, Johnson, Vermont, EE.UU, 1997.

Desde 1987 a la fecha, ha participado ininterrumpidamente en más de 140 exposiciones colectivas en México y el extranjero, mostrando su obra en países como: Alemania, Argentina, Austria, Costa Rica, Cuba, Dinamarca, Estados Unidos, España, Francia, Italia, Jamaica, Portugal, República Dominicana y Venezuela. Algunas de estas son: XI Bienal Monterrey FEMSA, Centro de las Artes, Monterrey, Nuevo León, México, 2014, VI Bienal Nacional de Artes Visuales Yucatán, Centro de Artes Visuales, Yucatán, México, 2014, Art al vent, Provincia Gata de Gorgos, Alicante, España, 2008, 10 en Escultura, Galería Jesús Drexel, Monterrey, Nuevo León, México, 2003, Volumen y estructuras: 19 visiones, Museo de Arte Contemporáneo Jorge Chávez Carrillo, Colima, México, 2002, III Bienal Monterrey, Museo de Monterrey, Monterrey, Nuevo León, México, 1997 y Deus ex machina, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 1995.

Durante su trayectoria, ha sido merecedor de varios reconocimientos, dentro de los que se encuentran: Beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte, FONCA / CONACULTA, 2008-11, Beca de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, 2006, 3° Premio de adquisición en la XI Bienal Internacional de Escultura en Piedra, “Nantopietra ”, Vicenza, Italia, 2001, Seleccionado en el Salón de Octubre-Gran Premio Omnilife 2000, Zapopan, Jalisco, México, 2000, Beca de Jóvenes Creadores, FONCA / CONACULTA, 1999 y 1994, Beca de producción y residencia en el Vermont Studio Center, Johnson, Vermont, EE.UU.,1997, Proyecto seleccionado en el Concurso Internacional de Talla en Hielo “Ice Art 93”, Fairbanks, Alaska, 1993 y su selección en la Cuarta Trienal de Escultura del Salón Nacional de Arte, Ciudad de México, 1988.
Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), 2015-17.



Héctor Murrieta (México, 1970) presenta "Ciudad de Candelabros" una reunión de temas de música contemporánea para guitarra eléctrica, entre los que se encuentran obras de Jacob TV, Elliot Sharp, Tristan Murail, Alex Shapiro, y composiciones de él mismo. La exploración de las posibilidades sonoras de la guitarra eléctrica: punteos, rasgados, ecos, agudezas chirriantes y percutidos encordados, dialogan con el óleo, la madera, el papel y el video. Sus escalas empapan los intersticios de la materia y nos acompañan durante el recorrido, haciendo un contrapunto de sonidos y formas que resaltan la experiencia urbana.

Sonidos que evocan fricciones, ritmos, barullos, gritos, densa congregación de elementos, velocidad, bullicio, colisiones, pasos, carreras, huidas, espirales acuosas, planos, presencias, distancias, alejamientos, recorridos, neones, luces intermitentes, señales reflejantes, “stops”, destellos, reflejos, cristales, huellas de goma en el asfalto, agujeros, grietas, tensión, ecos que son como la ondulación del agua en un estanque, tartamudeos, silencios, tropezones.

Héctor Alejandro Murrieta Flores estudió guitarra clásica en la escuela “Ollin Yolitztli”, y posteriormente en la “Escuela Nacional de Música, U.N.A.M.” con Juan Carlos Laguna, y de forma particular con Gonzalo Salazar, Carlos Bernal y Antonio López, y jazz con Beto Medina.

En 1998 recibe una beca de The California State University para asistir al summer Arts Guitar and Lute Institute, tomando clases magistrales con: The L.A. Guitar Quartet; Benjamín Verdery; David Tanenbaum y Pearl and Grey Duo.

Como ejecutante profesional, se ha presentado en entrevistas y programas de radio (Radio Educación, Radio UNAM, IMER, Radio Mente Abierta), festivales como el “XI Festival Internacional de Guitarra de la Ciudad de México”, eventos multidisciplinarios como la “Primera Semana del Libro de Poesía” (con la participación del poeta Jaime Sabines) y ha ofrecido recitales como solista en el Centro Nacional de las Artes, Castillo de Chapultepec, Bellas Artes, Centro Cultural Helénico y en países como Estados Unidos, España e Inglaterra, entre otros.

Su versatilidad también le ha permitido incursionar en diversas actividades de la música popular, acompañando a diferentes cantantes solistas y obteniendo premios diversos. También ha musicalizado en vivo danza y performance en teatro, como “Homenajes y/o Historias de amor” de la coreógrafa D. Hagerman.

En marzo de 2007 se publicó la grabación de su primer CD, titulado “De Oriente a Occidente: Música del Siglo XX, y en el mes de Julio del mismo año su segundo CD “Entre Senderos". Este disco tiene ya la distinción de encontrarse en los archivos de “The Frank Martin House”, centro de documentación dirigido a estudiantes, musicólogos y músicos interesados en la obra y vida del compositor.

En Julio de 2012 salió a la venta “Ascensión: música del barroco” el cual contiene transcripciones de suma importancia para la guitarra hechas por el mismo ejecutante, las cuales son: “Suite in A minor BWV995”, “Suite in E minor BWV 996” y “Suite in D major BWV 998” de J.S. Bach y “Sonata” de A. Falckenhagen.


Su estudio constante con maestros de talla internacional como Sante Tursi, Manuel Barrueco o Gonzalo Salazar, le ha brindado un panorama multicultural de la música que vierte en sus composiciones e interpretaciones.

Ha dado conciertos para sociedades de guitarra clásica, como The Middlesbrough classical guitar society en Inglaterra, sociedades médicas del I.M.S.S., el Museo Universitario Contemporáneo de Arte (M.U.C.A.) y la Escuela Nacional de Artes Plásticas, entre otras. En estos ha estrenado obras de compositores como Lou Harrison y Peter Sculthorpe, entre otros.


“Donde termina el cielo” es una experiencia multisensorial que refresca la mirada aturdida del ciudadano común, y lo invita a integrarse a estos espacios como parte de una composición privada, desnuda de presencias humanas, y de secretos, pues es responsabilidad de cada uno ubicarla en su propio medio, para transformar, mejorar, enriquecer el entorno con un activismo estético, y completar así el diálogo con estos autores que renuevan los escenarios de cada día.




José Manuel Ruiz Regil
Analista cultural
Arte Duro Gallery, Curators & Dealers






1 comentario:

Bea Cármina dijo...

Estructura Jónica en 2015, se antoja verla en San Idelfonso. Allá iremos JosMan. Gracias por la invitación