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martes, 24 de abril de 2018

El Matalote 17 Yo me quedo con Meade


      


Me dejo caer sobre la silla roja frente al escritorio. Estiro los brazos. Entrelazo los dedos de las manos. Giro hacia adentro las muñecas, y estiro un poco más. Suelto el aire por la boca y doy un golpe a la barra espaciadora de mi pc. Corre en youtube Scherezada de Rimsky Korsakov, dirigida por el esférico Vangelis. Y pienso: ¿porqué estamos buscando o queriendo hallar un ganador del primer debate presidencial hacia las elecciones de 2018 en México? ¿Es la neurosis de esperar que por fin algo pase; que un evento tenga consecuencias? Creo que el ejercicio media-democrático del que participamos una gran parte de los mexicanos el domingo pasado es el fenómeno en sí; la oportunidad de ver a cada uno de los candidatos desempeñarse conforme a las propuestas e ideas que han semblanteado en sus campañas.

Caer en el garlito de ¿quién ganó? es hacerle el caldo gordo a la industria de las encuestas. Quien verdaderamente debió haber ganado en el debate es la sociedad civil. Y sí sucedió. Porque, a través de sus moderadores, se les hizo preguntas que tiene la gente; porque pudimos ver sus reacciones, sus miedos, sus ambigüedades, su temple, su claridad de plataforma o no, sus puntadas y recursos retóricos; su "expertise", así como el manejo de situaciones incómodas, medias y falsas verdades que nos dicen mucho del qué y el cómo obtiene cada uno lo que busca. -Ya saben de qué hablo. No tiene caso repasarlo-; es decir, de lo que hace falta para gobernar, no para ganar una elección. No estamos hablando de Rock Stars, sino de estadistas.

Es un acuerdo generalizado que la primera hora y pico todos le echaron montón al “Peje”. ¿Cómo perderse la oportunidad de cuestionar, encarar, y pedir explicación de las barrabasadas que dice una sílaba tras otra? Como se ha comentado en diferentes post-debates, el Mesías tropical* representa el polo negativo del sistema -creyendo que con sus propuestas, aparentemente “anti-sistema”, se limpia la piel de su priísmo genético y del neoliberalismo que tanto ataca. 

Parodiando al querido Umberto Eco, “no somos integrados, sino apocalípticos en vías de desarrollo”. O lo que es lo mismo, No somos optimistas ingenuos, sino pesimistas en evolución”. Al “Peje” se le vio abatido, cansado y huidizo. Vaya, ni se despidió de sus cuates, al final.
Me sorprendió el desprecio con que en el post-debate, con Carlos Loret de Mola, Soledad Loaeza, Héctor Aguilar Camín, Roy Campos y Leo Zuckerman evitaron comentarios sobre “el bronco” como si su presencia les ofendiera. -y sí-. Es un delincuente electoral”, dijo Camín, pues para efecto de encuestas, que es lo que a ellos les interesa, no cuentan ni él ni Margarita Zavala. En su visión sólo son votos que se atomizan y se pierden, o se van al Frente. Pero para efectos de dar voz a los distintos sectores de la sociedad y que podamos oír nuestro discurso en voz de algún candidato es un buen ejercicio, desde mi punto de vista. Sin embargo, tampoco creo que este formato favorezca el verdadero debate. Estar de pie frente a un podio no es propicio para entrar en las complicidades y reveses que implica una discusión de ideas.
Mucho me reí y aplaudí la -ahora le dicen disruptiva- y escandalosa idea del candidato Javier Rodríguez de cortarle la mano al ladrón (literalmente). Un anacronismo delicioso que nos devolvería a la Edad Media -funcionó en Singapur-, pero que seguro bajaría los índices de criminalidad en esta sociedad surrealista en que vivimos. Y como dice mi suegra, “¿qué le van a querer cortar al violador?” Soluciones hay muchas, el reto es lograrlas desde el Estado de Derecho que nos conforma como una sociedad civilizada, un país con más de doscientos años de historia independiente, y una democracia incipiente. No podemos obviar la historia, ni las repercusiones de nuestras políticas públicas en en el escenario mundial. Sería una forma de institucionalizar la violencia; una tarugada que resulta peligrosa proponerla al pueblo heredero de los aztecas, pues puede ser que en verdad les entusiasme y se vuelva realidad, porque México es el país donde no pasa nada, pero donde todo puede pasar.



Cinco candidatos que, “haiga sido como haiga sido”, representan a diferentes Méxicos participaron en un debate que nos permitió verlos defendiendo, ya no sólo su ambición personal de dirigir el destino de un país tan rico como el nuestro, sino queriéndose apegar al contrato social -excepto el que miente y ofende, pero luego se disculpa-.
Lo disfruté -aunque estoy harto y cansado de las mismas cantaletas vacías-. Sin embargo, el espectáculo del domingo en la noche tuvo momentos que nutrieron la llama de la esperanza, al oír el discurso de Margarita, aunque no tenga mucha habilidad retórica, al reconocer la estrategia de Meade por no engancharse con pavadas, sino ver hacia adelante y exigir congruencia, y la reivindicación de la función pública. Cuando se hacen a un lado las descalificaciones y se deja en manos de quien debe estar la justicia, todo lo demás cobra relevancia y podemos concentrarnos en construir futuro, aprender del pasado, no repetir los mismos errores (corrupción e impunidad).
En el discurso de Margarita, Meade y Anaya yo pude ver la voluntad de hacer las cosas bien; el reflejo del hartazgo social de un “ya, por dios”, dejémonos de nimiedades infantiloides y mariconadas puritanas y tomemos a este país por los cuernos, con voluntad y carácter.

Y ya nomás para dejarles un mal sabor de boca, yo creo que quien tiene la experiencia, la preparación, el networking, y el sistema probado a su servicio -nomás que no roben- es, querámoslo o no, Meade. Me ha gustado que ante señalamientos que pretenden demeritar la imagen del partido -aunque solito se basta-, o generalizar los vicios de algunas personas, achacándoselas a la cultura del sistema, el candidato del partido en el poder hace precisiones que son muy importantes para señalar, denunciar y castigar a aquellos que dentro o fuera del sistema delinquen, pero también celebrar y reconocer que en ese y en todos los partidos existe gente honorable, ideólogos convencidos, funcionarios probos, que no se prestan a corruptelas; y si de apoyar al que más posibilidades tiene de, no sólo ganar, sino de propiciar el cambio que necesita México, yo me quedo con Meade.

No a un cambio radical en el rumbo del país. Consolidemos nuestro esfuerzo (en el caso del ciudadano raso, nuestro sacrificio a huevo). No es tiempo de más incertidumbres. Votemos con la razón.


jmrr

jueves, 19 de abril de 2018

El Matalote 16


Preguntas




¿Serán estas elecciones las que pongan fin al sistema de corrupción, engrasado cada seis años para seguir funcionando, como bien lo dijo en los ochentas el ahora Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, la dictadura perfecta? ¿Descubriremos la verdad detrás de las promesas del “opositor” oficial, que ofrece un socialismo de ensueño para los que nunca han tenido nada? ¿Será el fin de la guerra sorda, las alianzas de conveniencia entre economías primermundistas y el fin del ser humano como producto consumidor de productos?

¿Adónde irán los miles y miles de emigrantes, refugiados, exiliados, expulsado, apestados que valen menos que la tierra que los vio nacer? Quién abrirá sus brazos para recibir de ultramar al hermano desconocido que pide agua y pan en las marismas de una frontera?

¿Cuántas bombas, misiles, torpedos, ojivas, tanques, armas largas, cuchillos, granadas, incendios, derrumbes seguirán tras los niños que apenas comprenden cómo son las cosas y no se explican por qué les tocó ser de los malos? ¿En nombre de qué dios se firmará la paz? ¿Cuántos ejércitos son necesarios para exterminar el alma? ¿Desde qué drones y con qué arma infernal seguirá muriendo nuestra historia, los monumentos, las catedrales, las mezquitas, templos y sinagogas; los símbolos de la cultura, las evidencias de que hubo un tiempo en que el ser humano se alimentaba de algo más que solo papel moneda? ¿Hasta cuándo la mentira -o debo preguntar desde cuándo-, la injusticia, el cinismo, la falta de empatía social, el valemadrismo, la inmediatez, la mezquindad como moneda de cambio, el cuerpo como objeto de lujuria o comercio, la mente como ornamento, el sentimiento como estorbo y el poder para nada como meta final? ¿Cuándo brotará una idea que no responda a la ambición de una cartera, sino al latir de un corazón enamorado del hombre, y en vez de prohibir y criminalizar la espontaneidad, se sume al canto de la libertad? ¿Quién es quién para decidir sobre la vida y la muerte, el uso y abuso de la biología, la ingesta de nutrientes o drogas que alivien un poco el dolor de existir? ¿Qué dios poderoso, mesías, líder o ideología va a cuadrarnos en los límites de lo que verdaderamente somos, y empecemos a crecer, sin compararnos, sin que la competencia necesariamente destruya al otro, y la envidia marque la agenda de los mediocres? ¿Qué gen asesino se necesita para desaparecer por encargo cuarenta y tres, ciento cinco, ocho mil, tres millones, negros, latinos, turcos, somalíes, húngaros, griegos, sirios, egipcios, tzotziles, mayas, chontales, mijes, tarascos, mixtecos, nicaraguenses, salvadoreños, costarricenses, guatemaltecos, mojados mexicanos, indocumentados y doctorados que dan su vida por vislumbrar a lo lejos una pequeña luz de esperanza que en su país ya se ha apagado? ¿Será verdad ese mirage colectivo o solo está en su corazón y en la mente de un ser humano primitivo que prefiere creer que con su esfuerzo logrará cambiar las cosas -al menos para sí-, y no vencerse bajo las ruedas de fierro de un tren maldito donde, si tiene suerte, tal vez sólo lo violen y lo asalten y sólo pierda las piernas, para llegar a la garita y emprender el viaje de regreso al infierno? ¿Qué será de tantos niños que el año pasado no tuvieron clases porque sus maestros estaban “en la lucha”, y que no podrán aprender lo que no aprendieron porque hay cosas que se aprenden a un tiempo determinado o no se aprenden nunca, como el amor a uno mismo, el respeto a los mayores, la gratitud, la amistad, el asombro, que requiere un poco de inocencia y otro tanto de maldad? ¿Y si de pronto, todo fuera paz? ¿Inventaríamos la guerra para encontrarle sentido al tiempo, para sentirnos significantes ante la nada que nos parió y que nos recibirá en la tumba?




jmrr





domingo, 8 de abril de 2018

El Matalote 15

Chairos

Surge, desde las alturas del Mirreynato (verdadero poder que marca la agenda de consumo en moda, política y cultura social, según escribe Ricardo Raphael en su libro del mismo nombre), esta expresión lapidaria y exitosísima, que ha servido para completar el trabajo de polarización de la sociedad que los ideólogos de izquierda han empezado, desde sus nichos de influencia y esfuerzos propagandísticos, donde se critica al sistema neoliberal con contrapropuestas inviables, que obvian el Estado de Derecho y el rumbo de un país interdependiente del resto del mundo. No digo con esto que la versión tropicalizada del neoliberalismo del PRI no haya transgredido principios constitucionales, pero eso habrá que revisarlo y ponerlo en orden para seguir con las reformas urgentes, cuyo retraso en su aplicación nos está ahorcando a los ciudadanos de a pie.


Poco antes de que iniciaran las, cínicamente llamadas, pre-campañas de los candidatos a la elección presidencial del 2018, se empezó a escuchar este término entre los grupos de derecha, doblemoralistas y simuladores, para referirse a los seguidores de izquierda, como una forma muy efectiva de menospreciar o invalidar las razones por las cuales apoyan a sus candidatos. (Lo que Octavio Paz llamó el deporte nacional: el ninguneo. Lo traemos en la sangre)


El término “Chairo” es una bomba nuclear en el complejo imaginario del mexicano, pues despierta los miedos ancestrales, las pugnas intestinas entre castas, clases y grupos que hasta la fecha siguen rigiendo la movilidad social y determinando las oportunidades de desarrollo de los individuos (meritocracia), pues ya no sólo hay que compensar el hecho de ser indígena, pobre, moreno e inculto, el tiro de gracia es este epítome que invalida cualquier esfuerzo por salir de la condición en que se ha nacido.


Es la declaración de exterminio de la clase hegemónica hacia el resto de la población, hacia todo lo que no es como ella; la anulación del otro. Y es lo más antidemocrático que se puede practicar; un estigma social que hace del naco que se quiere superar un naco “reloaded”, empoderado, que es imposible permitir. Eso sí le da pavor al sistema. Más que el comunismo. Y está dispuesto a combatirlo con todo. Por eso la difusión de este insulto es la mejor estrategia para combatir al pueblo emancipado que, por primera vez parece que ahora sí se le subió a las barbas al poder.


Tuvo tal relevancia el término en redes sociales que llamó la atención de El Colegio de México, que lo estudió y luego emitió su propia definición, que a la letra dice: “Sustantivo y Adjetivo (ofensivo) Persona que defiende causas sociales y políticas, en contra de las ideologías de derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes”. Diccionario del Español de México, ColMex.


Nótese desde dónde está redactada esta definición. No es lo mismo decir “persona que defiende causas sociales y políticas, en contra de las ideologías de derecha”, a decir “persona que defiende causas sociales y políticas a favor de las ideologías de izquierda”. Hay una amenaza implícita hacia la derecha.


El término Chairo es una bala de fuego enviada desde el poder, entiéndase, la clase culturalmente dominante, para desempoderar un movimiento social que se les está saliendo de control, y apelan a lo más íntimo, a la inseguridad más básica del pueblo: sus orígenes, su pasado oscuro, su humillación ancestral. Una guerra psicológica de profundidades insondables.



Ahora quiero elaborar un poco sobre la última frase de la definición: “persona que se autosatisface con sus actitudes”. Es necesario que sepamos todos que Chairo, deviene de chaqueta, que en el habla popular machista significa masturbación. Es como cuando una señora bien dice que algo “está cañón”, obviando la palabra “cabrón”, por un modismo que resulta “cool”, y es socialmente aceptada como correcta y no vulgar, lo cual sería impensable en una dama de su condición. O sea, que si saben esto, se hacen pendejos todos los que dicen una cosa por otra para no caer en léxico de la broza.


Chairo es el que se masturba física o mentalmente con sus propias ideas; real o metafóricamente con su propia condición, y no se expone a las diferentes formas de pensar o con la evidente realidad; no se relaciona con otros porque no le importan o porque son inalcanzables. Es el chaqueto, el puberto que se satisface solo. Con eso no se hace política, sino cuando mucho, sólo se ejerce el auto-erotismo o la ética de salón. Nunca la mayoría de edad. Menos la política o la social.


Nunca una ideología consistente basada en teoría del Estado o en filosofía social que sirva de apoyo -antes bien los debilita- a los grupos de vocación social o causas populares, en su mayoría derivados del mal leído y peor entendido Marxismo-Leninismo, y su triste intento de implementación práctica, cuyo evidente fracaso se firmó en 1989, con la caída del muro de Berlín; sazonados, éstos, con un mucho de chabacanería nacional, resentimientos sociales, malos hábitos tercermundistas (como las canonjías otorgadas por los líderes charros y los sindicatos que imponen por la fuerza su cultura del nepotismo), lo cual hace un ceviche de demandas sociales desmedidas, venganza, odio al que no sufre las mismas condiciones, y falta de objetividad ante el avance estructural del país y su participación en el entorno internacional.


El chairo, entonces, es el término con el que se quiere despreciar al opositor del stablishment, justificando que sus argumentos son “chaquetos”, baratos, inmaduros, populistas, ingenuos, de corto alcance, poco académicos; o sea, no son de “gente bien”, instruida, creíble, respetable, estudiada, confiable.


Y es que se tiende a pensar que los seguidores de las izquierdas son nacos que no están preparados porque siguen pensando en la implementación de un socialismo real en el que, idealmente, la riqueza se repartirá mejor, y buscan un cambio radical, cueste lo que cueste. Y no lo dimensionan porque no tienen nada que perder. Esa es la percepión de las élites sobre el resto de la población.


Lo cierto es que, a la fecha, no hay ningún movimiento que sostenga este ideal que no esté fundado en la utopía, las fantasías megalómanas de su líder y la revancha social de sus integrantes; es decir, MORENA y su encantador de ratones, Andrés Manuel López Obrador, el rey de los “chairos”.




Lo siento. Sobran ejemplos de declaraciones, mala interpretación de la ley, desconocimiento de las teorías políticas, semejanzas chavistas, pretextos, amenazas, opacidad y el riesgo latente de un presidencialismo tiránico que no respete a las instituciones democráticas una vez que se haga con el poder.



Urge un cambio, sí. ¿pero es el momento de tirar el trabajo de cincuenta años por la borda por una moneda al aire que tiene dos caras; o rescatar lo bueno y gobernar con ética y honestidad, respetando el Estado de Derecho que nos rige y nos protege desde la Carta Magna?





José Manuel Ruiz Regil



Poeta, publicista y analista cultural

martes, 3 de abril de 2018

El Matalote 14


Recuento rápido de S.S. (Semana Santa)


I

Empecemos desde el viernes anterior. Esa noche fue de Mixcoatlecos, reunión de escritores en Mixcoac. No estuvo Maty, ella se fue a Querétaro con sus nietas. Pero estuvo Silvia Duboboy, que volvió de Suiza donde se pasó unas semanitas de lo lindo, en compañía de su hijo, que vive allá. Nos platicó que casi se pierden de noche, en medio de la nieve, pero lograron ganarle a la oscuridad con determinación. Esto es interesante que te lo cuente una mujer de su edad, que ha hecho ejercicio toda su vida, pues es una muestra de que la disciplina reditúa, y hasta te puede salvar la vida.

   
Luego nos platicó sus aventuras en Valle de Bravo, donde vive la mayor parte del tiempo; sus experiencias con el bote (barco, cayak u lo que sea), y las razones por las cuales ella prefiere estar en la ciudad en época de vacaciones, y no por allá, pues “el lago ya se volvió muy peligroso, la gente es muy irresponsable y suceden muchos accidentes”. “Aparecen muertitos que la noche anterior se tiran al agua gritando: ¡Viva México! con la botella de cerveza en la mano”. Así es que por eso asistió a la reunión, para brindar con vino, comulgar con queso y pan y otras exquisiteces que suelen acompañar estos fines de semana.

Leímos texto cada quien (Cármina, Paco y yo). Sin embargo, nuestras creaciones parecieron no interesar más que los bocadillos y bebidas que la buena voluntad y la generosidad de todos, especialmente de los anfitriones (Paco y Arturo) dispusieron en la mesa.




II

Ya nos habían buscado Laura, Carla y Marijó para pasar una tarde de chorcha con ellas en su casa. El sábado no pudimos pues yo tenía que entregar una propuesta de trabajo que me llevó hasta la noche terminarla, pero el domingo sí. Pasaron por nosotros a la casa, como a las 5 de la tarde y nos invitaron un delicioso helado Santa Clara. Yo comí uno de menta y chocolate en barquillo de chocolate, mmm… delicioso, y Claudia uno de fresa con nuez. Le encantó. Estab muy contenta.

Nos sentamos los cinco -¿las cinco, debería decir, si yo era el único hombre?- Así entramos montados en burrito blanco a la ciudad sagrada de Jerusalén. Sin querer inauguramos la semana santa sacudiendo los ramos de la amistad y la lectura. Esa tarde Carla nos entregó un tambache de libros que eran los de Pita (mi abuela materna, que murió hace casi dos años). Ella tenía su Exlibris: “Lupita Regil”. Nuevo acervo para la biblioteca Poeta y Bruja. Aunque creo que lo más valioso de ahí son tres novelas de Isabel Allende que leeré, de pronto.





III
 
El lunes de vacaciones -para la mayoría de la gente; no para nosotros- fue día de producción. Un proyecto que traíamos desde agosto Miguel y yo con Alan, artista plástico, pero por una causa o por otra se fue postergando hasta ahora. Salimos a las 11:30 de San Ángel rumbo a las Pirámides, a la planta de Mármoles Puente. Hicimos como hora y media de camino, según previó el Waze. Al anunciarnos, nos recibió el gerente, un hombre de baja estatura, muy amable, vestido de traje azul marino, sin corbata. Bajo la luz de aquella nave industrial cubierta de domos, hacía un calor sofocante.

Peñalta, o “el maestro”, iba de un pasillo a otro, a paso firme, buscando algo que se prefiguraba en su mente, al tiempo que se dejaba impactar por las formas caprichosas de las planchas de mármol, ónix o cuarcita, que son las piedras que más le han dado para su trabajo de hacer visible lo invisible; lo que el tiempo ha encapsulado sólo para algunos que pueden ver (“el que pueda ver, que vea”).

Miguel fue acompañado por un joven asistente, Isaac, que lo seguía con el monopié detrás de Peñalta para captar el proceso de búsqueda y selección de la piedra sobre la que habrá de trabajar. Tomas de cerca, tomas de lejos, tomas de arriba y de abajo, con el “steady cam”; montados en la grúa, descargando la plancha, diagramando la plancha de cuarcita, hasta elegir la pieza del lote indicado. Volvimos a la ciudad antes de las seis de la tarde. La intención de continuar con las tomas “en estos días” quedó en eso. La semana de vacaciones para la mayoría continuó siendo una rally de trámites para nosotros (Claudia y yo).





IV

El martes fuimos al Centro Médico en la mañana a sacar una nueva cita con un nuevo cardiólogo a quien tendremos que llevarle, el próximo martes, los resultados de rayos X y de un electrocardiograma que nos ordenaron en el hospital de Venados, al detectar un probable “missmatch” entre la prótesis mecánica que me pusieron y el tamaño de mi corazón. Cosa que puede corregirse en mucho si bajo treinta kilos (pecatta minuta).

Ir al hospital me drena mucha energía. Y aunque Claudia lo aligera todo con su sonrisa y su don de gentes, pues no hay poli que no se pare a saludar, me doy cuenta de que si no fuera por ella cada beso que ella lanza yo lo convertiría en mentada.


Pasamos a ver al Director de TPQ (Terapia Post-Quirúrgica), Dr. Cruz Gaona, que a decir de ella ha sido su “Ángel de la Guarda”. Y la verdad es que sí, pues la supo escuchar en momentos de gran desesperación, cuando mis cirugías, y la apoyó en todo, sin restricciones, al grado de permitir que se retacara su oficina con las cajas de diálisis que yo necesitaba durante mi estancia en septiembre, cuando me hicieron el cambio de válvula.

Debo recordar que el Dr. Riera, Jefe de cirugía, un hombrón alto, guero, de mirada vivaz y sonrisa inteligente, me ofreció compartirme su conferencia donde hace una comparación entre la válvula mitral del corazón y la arquitectura de la Catedral de la Sagrada Familia, a través de razonamientos matemáticos.

Al salir, alrededor de la una de la tarde, no habíamos desayunado, pero podíamos adelantar la hora de comer, nos fuimos a resolverlo a las Kekas de Cumbres de Maltrata. Libres al fin de trámites, saboreamos la comida y disfrutamos el café de olla. Ya no llegamos al flan hecho con la receta de la abuela, que ahí es sublime, porque había que cuidar el nivel de fósforo en sangre.



V

El miércoles estábamos terminando una junta de trabajo en Coyoacán con un productor para cotizar un proyecto, cuando nos llamó mi cuñado Eduardo para ver si podíamos coincidir para comer juntos como a las 3:30 p.m. Nos reunimos con cierta frecuencia para ponernos al día . Él muy amablemente nos invita y nos platica sus avances con sus modelos de Meccano o ahora en la construcción de las cajas donde se llevará sus modelos a Querétaro.

Yo tenía cita para un estudio de Rayos X, y muy probablemente ya estaría libre para esa hora, así que quedamos de hablarnos cuando saliéramos del hospital. Justo cuando le llamé salía Claudia con el CD de la radiografía en la mano, y los alcanzamos a él y a mi hermana en el Vips de Eugenia, casi esquina con Eje Central. Ahí les gusta, por cercano a su casa, aunque sea muy ruidoso y el servicio sea muy malo. Pero comimos rico.


VI
 
Para el jueves ya habíamos quedado con Faby y Toño, los sobrinos del Ajusco, que vendrían por nosotros -los jueves no circula el coche- para llevarnos a conocer su casa, comer y pasar la tarde con ellos. Comimos tacos de cecina, quesadillas, arroz a la mexicana, cervezas, aguacate, refrescos. Oímos música, que de otra manera no nos hubiéramos enterado que existía. Hacia las 8 de la noche nos regresaron a la casa. Al llegar los invitamos a pasar. Seguimos platicando, el tiempo pasó y fue creciendo el apetito de la noche. Hacia las once quisimos Pizza, pero ya estaba cerrado todo. Acabamos en Superama comprando una pasta y salsa que Claudia mágicamente compuso para crear un exquisito fetuccini con el que paliamos la ansiedad del jueves santo. Esa noche ya no conectamos a diálisis. Estábamos muy cansados. Pero lo íbamos a hacer el viernes. Sólo que a pocos minutos antes de empezar la operación, entró un mensaje de mi tío Javier: “queremos invitarlos a comer al Califa”. y ¿qué son unas horas de retraso en diálisis por una reunión que teníamos tantas ganas de tener desde hace tanto tiempo con ellos, y unos buenos tacos? Nos encontramos en el Califa de la Condesa. Platicamos, reímos, nos pusimos al día con los tíos y el primo Sebastián. Volvimos a tiempo como para darnos cuenta de que, a diferencia de otros años (muchos) este sí llovió a las tres de la tarde, cuando la tradición señala que murió Jesús en la cruz. Y también cuando empezaron las campañas de los candidatos a la presidencia. Un fastidio. El resto de la tarde y la mitad del sábado me la pasé conectado a la máquina de diálisis, en recogimiento pascual; viviendo el viacrucis de la desintoxicación y el pecado de soberbia, expresado en los mensajes de Mead y Anaya, hasta que tuvimos que irnos para estar a las cuatro en el Brasileríssimo de Satélite, lugar donde fue la comida de celebración previa al bautizo de mi catecúmena sobrina (hija de Georgina y Leo). Qué comilona. Gran variedad de espadas, ensaladas, empanaditas de queso y elote con salsa chimichurri, y unas batidas de tamarindo y maracuyá que nos duraron hasta el regreso. Investigué la raíz etimológica de catecúmeno, y es “aquel a quien se le dice al oído la doctrina”. Supongo que tiene que ver también con catecismo, catacumbas; algo secreto, que se hacía en cuevas, en tiempos de los primeros cristianos.




VII
   

Sofi vestía de blanco y llevaba una corona de flores blancas ceñida a la cabeza, sobre su pelo castaño, lacio, y sus ojitos de sorpresa. Un angelito dispuesto a recibir su primer sacramento.

La ceremonia en la Parroquia de San Fernando en Valle Escondido inició a las 7 en punto. Todo a oscuras. Cada uno con su vela en la mano fuimos compartiendo el fuego nuevo a partir de la llama del Cirio mayor acompañados por el canto del pregón. Yo no recuerdo haber estado en una ceremonia igual; la del sábado de gloria. Se hicieron las lecturas correspondientes (Isaías, Éxodo, etc.), continuó la liturgia, los cantos, las alabanzas, los ritos. Se abrió la Gloria, se prendió la luz, cayeron confetis metálicos del techo, nos repartieron matraquitas y banderitas blancas, la alegría de la resurrección de Jesús se volvió canto.

Fueron cuatro los bautizados: un bebé, dos adultos y mi sobrina. El padre la nombró María Sofía Ruiz Castillo, y vertió el agua sobre su cabeza, ungió los óleos y la bendijo. Ceci, su madrina le recogió el cabello y la acompañó a la pila bautismal. Georgina y yo nos acercamos -yo en representación de mi hermano.

Creo que, aunque para la tradición católica es deseable que el bautizo se haga siendo bebés, le viene muy bien a Sofi hacerlo al casi cumplir sus nueve añitos, pues ya está mucho más consciente de su significado. Luego vendrá la confirmación, la comunión, y así...


Al terminar la ceremonia el padre nos invitó a convivir en el atrio de la iglesia con unos taquitos al pastor. Había como cinco trompos. Los feligreses, que no habían comido como nosotros en Brasileríssimo, se formaron y les sirvieron de todo. Antes de retirarnos pedimos agua de jamaica. Nada más.


Regresamos contentos, satisfechos y tranquilos. Periférico estaba muy fluido, sin tráfico, ni de ida ni de vuelta. Sólo así se puede uno concentrar en qué bache caer.



jmrr

jueves, 29 de marzo de 2018

Muerte ladrona


    
 

No puedo creer que te hayas muerto, mi Leo.
Me faltas tanto,
me ausencias,
me huecas.
Me dueles en el corazón que me arreglaron
para soportar tu ida.


Recuerdo tu cuerpo preparado para lucir bajo el cristal
de tu ataúd, el día de tu velorio.
Pero tú ¿dónde estabas?
¿Quién entró a la casa de nuestra amistad,
al palacio de nuestra hermandad y violentó
tanto nuestras risas,
los quereres que se forman con los días y las horas?
¿Por qué demonios,
con qué derecho detuvieron de golpe tus latidos,
tus angustias,
tus dolores,
si apenas acababas de entender cómo vivirlos?
-o creías haberlo hecho-.


Muerte ladrona.
Escribo con el llanto en el gañote,
con el mareo del dolor inexplicable,
sin respuestas, lleno de dudas,
los ojos anhelantes, inundados
de rabias y preguntas.


¿Dónde estás, hermano?
mi siempre joven y hermoso Leyo.


Este calor de pensarte, de llorarte,
de saberte infinito y a la vez ennadecido;
minúsculo, reducido a los recuerdos,
que se agotan;
a las fantasías del “hubiera”,
al futuro inexistente del “si acaso”.

En unos días van a bautizar a tu hija,
la más pequeña,
catecúmena de 9 añitos.
Que su nombre la guíe por la senda
del saber y la plenitud.
(Sofía)
Quiere llevar tu nombre,
ser Ruiz, como tú y como yo, como la Nena y papá,
como mis abuelos y todos los tíos que no conocimos.


Ella no lo sabe así, todavía.
Al pedir tu nombre
reclama su herencia:
la bonhomía de mi padre, amparo infinito y eterno,
la risa fácil de Chava, su noble renuncia
para contemplar en la butaca de la vida
el espectáculo de sus quereres;
el amor a la música de su tatarabuelo Panchito,
el deleite de las palabras, la declamación y
la autonomía de la tía María;
la alegría y el gusto por la música del tío Pepón,
-que también yo heredé-.


Tenías mucho de papá.
Quizás fuiste tú
quien más recibió de su esencia.
Idealista, por un lado,
práctico, sociable y chabacano, por otro.
Querías con desesperación ser un patriarca, como él,
ejemplar.
Tuviste tus tiempos.
Te gustaba la familia.
Hiciste dos.
Las amaste en su tiempo,
desde tu hermosa contradicción bienintencionada.
Destruiste lo andado una vez;
anduviste lo destruído, otra y otra.



Ya son seis meses de tu partida, y aún
sigo esperando tu llamada,
con la ilusión de saber de ti,
-aunque llames del más allá,
haciendo sonar el windchime,
o trayendo chupamirtos que nos miran
de frente.


Lhasa te ve y juega contigo
en las madrugadas.
Yo confío en su intuición y sonrío.
Le doy una cucharada de azúcar
a la melancolía.


Amado Leo,
dejas tanto:
todo lo que no caminamos,
la música que no hicimos,
las risas que no gastamos,
el tiempo que nos separa.



Será más difícil administrar tu ausencia
que distribuir en carcajadas tu memoria.


jmrr

miércoles, 28 de marzo de 2018

El Matalote 13

Día Mundial del Teatro, 2018


Mirar más adentro de lo permitido
Krzysztof Warlikowski en 2015

“Que el amplio abrazo del arte sostenga unida a la comunidad humana”
Simon McBurney


El Spanish Centre for International Theatre Institute, ITI, la World Organization for the performing arts- Official UNESCO partner, y el Instituto Universitario Alicia Alonso-Universidad Rey Juan Carlos, establecieron el 27 de marzo como Día Mundial del Teatro en 1961, fecha en que se inauguró el Teatro de las Naciones en París.

Desde 1962, cada año, una persona destacada del medio emite un mensaje a la comunidad. El primero fue el dramaturgo Jean Cocteau, de quien desgraciadamente no tenemos el archivo, pero de ahí hasta la fecha han reflexionado sobre el ser y el hacer del teatro figuras como Arthur Miller, Laurence Olivier, Directores Generales de la UNESCO, Miguel Ángel Asturias, Peter Brook, Luchino Visconti, Antonio Gala, Edward Albee, Victor Hugo Rascón Banda, Krzysztof Warlikowski, Isabel Huppert, y este año un representante por cada una de las regiones de la Unesco: Ram Gopal Bajaj (Asia-Pacífico), Maya Zbib (Líbano, Países Árabes), Simon McBurney (Europa), Sabina Berman (México, las Américas), y Were Were Liking (Africa).


Trataré de hacer un resumen rápido del mensaje de cada uno de ellos para que te enteres y reflexionemos junto con ellos.

En representación de la región de Las Américas está la escritora y periodista Mexicana Sabina Berman, quien nos hace imaginar la primera puesta en escena en la que el hombre de las cavernas representa la lucha del día frente al mamut, y usa esa alegoría para invitarnos a volver al contacto con la naturaleza.

De Africa, Were Were Liking mira al teatro como la acción de mirarse en el espejo y reconocerse como uno, como otro y como todos. Plantea el teatro como la posibilidad de crear una humanidad más humana -valga la rebuznancia- y acaba recordando el cuento de que Dios es como un gran árbol, al que todos lo miran desde diferentes ángulos y no es igual para nadie; que la única manera de entender al árbol es ser ese árbol, y el teatro te ayuda a acercarte.

De Líbano, Países árabes Maya Zbib, Directora de teatro, performer, escritora, cofundadora de Zoukak Theatre Company, plantea una mirada colectiva y política del teatro, al ser el pretexto por el cual nos reunimos a reflexionar sobre temas que nos preocupan. Lo plantea como un aislamiento del individualismo y la velocidad con que respondemos a las exigencias de la sociedad; como un acto de rebeldía.”Abrir un espacio para reflexiones comunes en medio de la abrumadora ignorancia de la intolerancia.”

Invita a la confrontación de las diferencias y a sobrepasar las imposiciones de un sistema que aplasta al individuo; a hacernos responsables del mundo que queremos y podemos crear. Termina su mensaje diciendo : “¡Somos muchos, somos valientes y estamos aquí hoy!”

Ram Gopal Bajaj, director de teatro, actor de teatro y cine, académico, ex director de la Escuela Nacional de Teatro de Nueva Delhi, es el autor del mensaje de la región Asia-Pacífico. Comienza con una reflexión sobre la naturaleza del hombre a través del tiempo, y se pregunta si somos mejores personas los hombres de la era espacial que los de la edad de piedra. “¿Somos ahora más considerados? ¿Jubilosos?¿Entregamos más amor hacia la naturaleza de la cual somos producto? Necesitamos apelar al hombre de la tierra de hoy, a salvar el planeta tierra, y por lo tanto, el teatro. Hay que acercar el teatro a los niños porque son los que más cerca están de la naturaleza. Invita a llevar el teatro a lugares rurales y comunidades, para recuperar la sociedad”.

El actor, escritor y director de escena británico Simon McBurney, que, además, es el co-fundador del “Théâtre de Complicité”, es el encargado del mensaje de Europa. Dijo: “En 1963, mi predecesor, el gran Arthur Miller, dijo en un momento donde la amenaza de guerra nuclear arrojaba su sombra sobre el mundo: “Cuando se nos pide escribir en un momento donde la diplomacia y la política tienen brazos tan terriblemente cortos y débiles, el delicado pero a veces amplio abrazo del arte debe soportar la carga de sostener unida la comunidad humana”.

Menciona el teatro de Policleto en el Epidauro, donde hace 2.500 años funcionó para que lo que se dijera en escena llegara a cada uno de los 14,000 asientos.

“En la época de Shakespeare los soliloquios de Hamlet o Macbeth no eran meditaciones privadas, sino debates públicos”.

Habla de la amenaza del exceso de ficciones en nuestros días, y que la más peligrosa es aquella que nos divide y separa de la verdad, de nosotros mismos, del otro; a los hombres de las mujeres, y de la naturaleza.

El teatro es el momento y lugar donde se comparte la falta de límites entre nuestras conciencias. Y cita a John Berge: “Muy dentro de la naturaleza teatral hay un sentido de retorno ritual”.




Vale la pena escuchar a estos creadores, pues, en síntesis, parece que su mensaje nos invita a volver a ese ritual colectivo de reconocimiento y conformación dinámica como una -quizá la única- salvación ante la infame ola arrasadora del proceso de deshumanización que las manos siniestras de los bancos y los mercados están logrando con tanto éxito. Sumémonos a estos faros de luz; iluminémonos con sus creaciones, participemos como público activo y como creadores o intérpretes. Vayamos al teatro, seamos teatro.







José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural

domingo, 25 de marzo de 2018

El matalote 12


"Si vis pacem, para bellum"
“Quien quiera la paz, prepárese para la guerra”
Vegecio


   

Se le vio arrogante, pagado de sí mismo, displicente hacia los intereses y las preocupaciones de los entrevistadores, periodistas y analistas de sobrada reputación. 
A pesar de que para muchos -y para él mismo- su actitud fue calma y no explotó en ningún momento, su lenguaje corporal evidenciaba una suficiencia a prueba de bala. ¿sabes de quién hablo, verdad?


Brozo, en su Galería mañanera del viernes pasado criticó la defensa que hizo Carlos Marín de los logros y las reformas de la administración del sistema, a las que "El peje" se opone categóricamente y plantea proponer que se revisen, a través de una iniciativa presidencial.
Yo lo que vi es que Marín luchó más por no perder la conducción del programa que en sacarle información al invitado; aunque entre todos le sacaron muchas cosas que al electorado indeciso muy probablemente le ayudó a decidir que por nada del mundo votará por él, su partido, su causa o sus seguidores.


Parece que AMLO se la va a pasar revisando todo, que nada le gusta, nada le parece, y que no tiene idea clara del marco legal en que se mueve, ni en la función de las instituciones democráticas actuales; deja entrever que pueden seguir siendo las mismas o pueden cambiar a modo, según amanezca de humor; total “se puede llevar todo el sexenio”, que a él no le apura.
Así como esperó dieciocho años para llegar hasta aquí, pueden pasar seis más, y en una de esas buscar la reelección para resolver un segundo o tercer tema de la agenda.
Su respuesta más recurrida fue “lo vamos a consultar con la sociedad”.

Se jacta de conocer la historia, y le gusta tanto que quiere volver a la época anterior a la reforma; crear una constitución moral -como si la vigente Carta Magna no tuviera su propia moral; y las leyes su espíritu-; dejar atorados en el tiempo los asuntos que requieren decisiones urgentes, o resultan incómodos para el “stablishment”, becar a los Ninis, y hacinar a los jóvenes en universidades saturadas de alumnos, con tal de que estudien. ¿y la autonomía de estas instituciones públicas y privadas? ¿De veras van a estudiar o a integrarse socioculturalmente todos por igual, sólo porque hay un pacto entre el ejecutivo y las direcciones?


Pude ver debajo de esa sonrisa socarrona y aparentemente tolerante, una maquinación encubierta que puede develarse una vez instalado en la silla -que no estará en Palacio Nacional como él quisiera-, y convertirse en tiranía autoritaria (aunque sea pleonasmo, en este contexto anfibológico, se vale).


Durante la entrevista no contestó con claridad ninguna pregunta, ningún sí o no, no expresó su pensamiento. Es como cuando uno se pone necio y a todo responde: Depende. Y lo acaban a uno mandando a la chingada. Se refugió en la esquina de la opinión pública. Pero sí dijo que no tiene aspiraciones de estadista, aunque sueña con pasar a la historia como Juárez, y considera que el régimen que él comandaría será presidencialista. (¡!) ¿No se supone que estamos tratando de acabar con ochenta años de eso y darle la bienvenida a la democracia madura y efectiva?


Andrés Manuel López Obrador padece el “síndrome del ajolote”. No sabe si va o viene, pero ahí está. Él ve el futuro en el pasado, la justicia en la amnistía y el poder en el querer. Es un oxímoron voluntarioso y megalómano que confía en que el manto de su honestidad individual va a cubrir toda la burocracia, y la “renovación moral” que no logró De la Madrid él sí la logrará.




Reforma energética, pa trás; reforma educativa, pa trás. Sus argumentos: revisar los contratos de inversión nacional o extranjera y si no convienen al país, renegociar o anular (como Trump); incluir a los maestros y a los padres de familia en algo que por ley es responsabilidad del Estado. En todo caso, capacitar a los maestros con el método didáctico que se ha elegido (ese ya tan manido del “aprender a aprender”, del que al parecer sólo se saben la primera parte, porque lo demás no lo cantan: Aprender a enseñar, enseñar a aprender y enseñar a enseñar -Escuela de iniciación-) y acabar con las canonjías que le dan crisis de abstinencia a la Coordinadora Nacional.



Aborto, matrimonios igualitarios y drogas: consulta. ¿Qué no tiene una idea de país que planteó en su libro y en su manifiesto? ¿qué todo está tan endeble y fangoso -como el terreno del aeropuerto en Texcoco o la garantía de los bonos de construcción en Santa Lucía- que hay que ir improvisando según el escenario? ¿teme perder votos si lo defiende o si opina distinto de la mayoría de sus seguidores? Porque ahorita el tema no es gobernar, sino ganar; y una vez arriba, entonces sí, ese ánimo conciliador, plural e incluyente se convertirá en mano dura reaccionaria, impositiva y cerrada a las demandas de las minorías.
Estamos ante un potencial dictador que no respeta la estructura de una democracia emergente y que defiende únicamente para usarla para acceder al poder y soñar con perpetuarse en él.


La línea de su discurso es “atender las necesidades del pueblo”, pero “no confía en la sociedad civil”. Esta es una perla de la ambigüedad y la aparente falta de postura. Pero lo que hace AMLO, cada vez más, conforme se acercan las elecciones es asustar a los empresarios, a los banqueros y a los inversionistas extranjeros, echando para atrás casi todo lo más representativo de la administración de Peña, y que nos ha costado tanto esfuerzo a los mexicanos, tanta resistencia, tanta paciencia, tanto amarrarse el cinturón para sacar el barco a flote, como para que llegue este candidato a darnos dádivas.



Las policías, el mando único y la creación de una guardia civil a las cuales él coordinará todas las mañanas desde su despacho. Eso me suena como la incursión de un tragafuegos en una bodega de pirotecnias.



Hay AMLO, AMLito, da un pasito pa delante y da un pasito para atrás. Persigue la paloma de la paz, va dando tumbos. Así el país no puede ir más contigo.



José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural  

sábado, 24 de marzo de 2018

El matalote 11



Biblioteca roja


    




He estado revisando los libros que nos donó recientemente mi cuñado Eduardo. Aclaro que recientemente, porque a lo largo de veinte años que lleva de casado con mi hermana, me ha regalado varios tomos de diversos temas (historia, novela, ensayo, revistas). El acervo Castellanos-Ruiz se integra a los acervos Trovamala y Castillo, que forman ahora parte de la biblioteca Poeta y Bruja que conservamos celosamente Claudia y yo. Digo celosamente porque los libros que conforman esta desparramada y todoterreno biblioteca han formado parte de su infancia y de mi no tan corto camino como diletante de las letras. Ella conserva los cuentos de los hermanos Grimm, Las mil y una noches, los cuentos de Andersen, la enciclopedia de misterio de Hitchcock; Allan Poe, García Márquez, libros de esoterismo, cristales, cocina, medicina china, terapias,etc. etc.

El enfoque de la colección está sesgado hacia la novela negra y mística, ciencias sagradas y naturismo por su parte, y hacia la teoría del arte, estética, filosofía, sociología y literatura, por la mía. Ambos coincidimos en el estudio de las ciencias sagradas, la mitología y las religiones. Tenemos también un buen número de catálogos de artes plásticas, algunos de los cuales llevan un ensayo mío.


En la más reciente donación está la famosísima biblioteca Crisol de Editorial Aguilar, que son “N” libros de pequeño formato, diversos títulos y autores, empastados en rojo con filitos dorados. En ella he encontrado textos de Rabindranath Tagore, Erasmo de Rotterdam o José Vasconcelos. Menciono estos en especial porque son los que más a la mano tengo, y los he estado leyendo con gran curiosidad y asombro; unos porque ya los conocía y otros por todo lo contrario.


Encuentro que la narrativa de Tagore en El sentido de la vida mezcla magistralmente los conceptos del cristianismo y del hinduismo en una prosa universal que se antojaría irreconciliable, precisamente por la multiplicidad de dioses hindúes y el monoteísmo trinitario del cristiano. Sin embargo, su narrativa me confirma lo que siempre he dicho: que el cristianismo, como por otra parte las religiones mesoamericanas, tienen una genética más oriental que componentes occidentales, que fue por donde nos llegaron a América, gracias a la expansión del imperio romano, primero, y del español, después.



Elogio de la locura es un título que leí hace más de veinticinco años. El libro estaba en los libreros del despacho de mi papá, en casa de mis abuelos. En la portada de fondo azul turquesa aparecen tres elementos: un bufón en rojo, un bastón de mando (varita mágica) en amarillo y una calavera. La edición de Aguilar de esta obra de Erasmo de Rotterfdam trae algunas ilustraciones a línea en blanco y negro. El libro es igual a todos los demás (rojo con filitos dorados). En él habla la locura, y hace un repaso del pensamiento de los primeros filósofos y de los mitos que acompañaron a sus culturas. Es un libro fascinante, escrito como autocrítica, con humor mordaz, -como mordaz pudo ser el siglo XVI- que releeré con enorme gusto.




Como he estado interesado en estudiar la identidad nacional; rellenar esos huecos a veces demasiado grandes que ha dejado el olvido o el mal aprendizaje de la historia de México, he escogido La raza cósmica, de José Vasconcelos, un libro del que he oído hablar - aclaro que sólo del título, porque típico que nadie comenta el contenido- y que así como el Ulises criollo, de él mismo, intuyo que tienen algo que decirme.

Secretario de Educación Pública en tiempo de Álvaro Obregón. Eso no es lo más interesante de él, sino su neurosis por educar al país, por facilitar las condiciones para que de la mezcla de todas las razas surja la elegida quinta raza, la cósmica, que para mejores rasgos, tendría que nacer en territorio latinoamericano; si fuera México, excelente.

Luego de este ensayo que está dividido en dos partes, vienen crónicas de viajes diplomáticos por los exuberantes países de latinoamérica; así como los libros El arte de la fuga, de Sergio Pitol o Confieso que he vivido, de Neruda, que en sus tiempos de diplomacia pudieron pergeñar. En estos, además de la aguda mirada de Vasconcelos, se puede reconocer su rigidez de pensamiento (¿rigor intelectual?), su innegable clasismo y deslumbrante machismo. Bueno, era la época, diremos. Yo creo que no hay época para negarle a nadie sus derechos inalienables como ser humano. Sin embargo, también se trasluce una enorme capacidad de gozo estético y una gran elegancia en su narrativa impecable.


En otro de los libros que recién llegaron a casa está A la sombra del ángel, de Cathryn S. Blair, la nuera de Antonieta Rivas Mercado, quien so pretexto de hablar de ella, le regala al lector una mirada muy íntima de la vida de una familia acomodada en tiempos de la revolución. En esta novela biográfica aparece Vasconcelos, más como un impetuoso y arrogante soñador, que como un noble amante, que explota a la inestable Antonieta hasta dejarla en la ruina, lo que desencadenó, entre muchas otras cosas y una imparable espiral descendente hacia el abismo, su sonado suicidio en la Catedral de Notre Dame de Paris.




Pues aquí le dejamos por hoy. Luego les sigo contando de los libros que por el momento están en doble y hasta en tercera fila en nuestros libreros; en ese aparente caos donde uno ubica perfectamente las cosas donde están. Vuelvo a mi mundillo de papeles, notas y pilas de libros entre los que me pierdo por horas y horas.



José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural. 


jueves, 22 de marzo de 2018

El matalote 10

Etapas y fatalidades

     

I

¿Se le hinchan las piernas? me preguntó el joven médico nefrólogo de Especialidades en el Centro Médico Nacional Siglo XXI. - No; los huevos (quise contestar. Pero no lo hice). Sólo negué con la cabeza, mientras reprimía la carcajada que mi estúpido pensamiento me había provocado. Claudia, siempre dispuesta al humor, sentada a mi lado, hizo cara de extrañeza, al no comprender el origen de mi hilaridad. Los tres residentes, dos ellas y un él, vestidos de inmaculado blanco, me miraron con cortesía. Luego me extendió una hoja y señaló en ella con un recuadro el número que me correspondía como inscripción en la Unidad de Transplante Renal (UTR) para esperar la donación de un riñón cadavérico. (Cuando llegue lo tomaré como si fuera el de Leo, mi hermano, que me lo iba a donar). El doctor encerró el número en un cuadrito, pero nunca lo pronunció.




Por fin teníamos el ansiado número de la lista de espera. ¡Qué alegría! Cuatro años han pasado -”y por fin he regresado a mi terruño querido…”, diría Alberto Cortés- desde que me diagnosticaron Insuficiencia Renal, etapa 5 en el Seguro Social. O sea, de la que no hay regreso, la que amerita diálisis peritoneal urgente. 
Un médico particular, -que por cierto iba a ser mi cómplice de suicidio paulatino antes de todo esto, luego les cuento por qué- me dijo, luego de hacerme un ultrasonido: “sus riñones son una masa amorfa sin función”. Con el tiempo he ido aprendiendo que eso supone un desequilibrio bioquímico de la chingada, que se corrige con un altero de medicinas que me surten cada mes, gracias a la generosidad de una mano que mece la cuna de la salud pública, y a una dieta estricta que mi aguerrida pericol (diminutivo de pericolosa. Los que la conocen me darán la razón) se empeña en diseñar día tras día, con base a sus observaciones clínicas y los resultados de laboratorio.



¿Puedo pronunciar el número, porque me lo dio como un misterio, como si fuera un NIP secreto? Puede decirlo en voz alta, salir a la sala y gritarlo, -reaccionó el joven especialista. Nos vemos en un año, baje treinta kilos y mantenga en rango sus niveles, para que esté listo cuando le llamemos (palabras más, palabras menos. La contundencia es mía). Si hoy hubiera un riñón para usted no podría recibirlo, por el sobrepeso que trae. Lo sé. Y no esperaría que en la primera cita de vuelta al Protocolo de Transplante, luego de dos cirugías de corazón, me fuera a sacar el premio mayor. Además, me habían dicho que el tiempo promedio de espera es de tres años. Así es que tengo tiempo para ir haciendo a un lado mis panecillos dulces, quesadillas, tortas, pozole, atolitos, tamales y muchos otros alimentos que disfruto hasta hoy, no sólo por su sabor, sino por el acto estético costumbrista de honrar las tradiciones de mi cultura nacional. Sí, señor.

Y pensar que hubo un tiempo en que estaba convencido de que “Toda la cultura hasta que no dañe la salud”. Lo que luego cambió a “Toda cultura daña la salud”. En fin. Etapas y fatalidades. Ahora, Claudia y yo nos hemos construido bajo el principio de "sin salud no hay cultura”.



II

Nací con problemas congénitos de riñón, que no se manifestaron sino hasta los cuatro años con una pielonefritis, que fue el inicio de un a etapa de horror para mis padres, y de dolor para mí. Ardor al orinar, fiebres inexplicables, mal humor, incomodidad. Esto derivó en una serie de cirugías (10) que empezaron en el Hospital Infantil Privado y terminaron en el Centro Médico, acabando también con el ahorro que mis padres tenían para comprar una casa después de cinco o seis años de casados. Fueron años de sufrimiento, angustia, fe, espera y mucha oración. 
Operaron riñón izquierdo, reimplantaron ureteros, descendieron testículo derecho, arreglaron vejiga, y de paso, hicieron la circuncisión. Recuerdo vagamente los nombres de los héroes del cuento: El Dr. Villalba y el Dr. Gómez Reguera, quienes me dieron de alta a mis diez años, y nunca más volvimos a preocuparnos del tema. Recuerdo también, entre vapores, la presencia de mi tía Tere, quien siempre me regaló su sonrisa cómplice y me propició material para dibujar (cuadernos y colores, pizarrón mágico), y que me hacía ruborizar al asomarse debajo del capelo que cubría mi desnudez; de mis padres y mis abuelos. “Mátalo tú”, le pedí a Chava (mi abuelo) cuando me regaló una pistolita de juguete para que acabara con el doctor. Así estaba de cansado. Pero luego, con sonda y todo, andaba en bicicleta, corría y brincaba como todo niño feliz, sano y querido.




Mi desarrollo fue normal (aparentemente), aunque siempre he acarreado ciertas incomodidades que ahora me explico como parte del proceso del desarrollo de una condición silenciosa que, en mi adultez, y ahora en mi edad media, llegó a su límite.
Voy a cumplir 50 años en octubre de este año 2018, y después de muchos subibajas emocionales, sentimentales, espirituales y económicos; pérdidas, éxitos y fracasos hoy puedo decir que, aunque he vivido intensamente, persiguiendo mis sueños desde muy joven -y pagando sus precios-, reflexionando cada momento de mi existencia, cantando y contando mis descubrimientos y asombros, sobreponiéndome a la infinita ignorancia que me abruma, quiero más. 
Apenas le estoy agarrando el gusto a la vida. Y me ilusiona mucho tener esta nueva oportunidad. He renacido varias veces, en muchos sentidos, y quiero seguir haciéndolo, seguir reinventándome en la escritura, en el amor, en la mirada, en la amistad, en el estudio, en el cuerpo; quiero volver a hacer Yoga como lo hacía, y andar en bici y sentir el aire en el rostro; caminar, subir montes y mirar desde lo alto, mirar lo alto, respirar lo alto.

Claro, esto lo digo después de tomar los antidepresivos que la insistencia y la infinita paciencia de mi hermosa compañera, me procuran. Sin ella, verdaderamente, hace años que estaría tres metros bajo tierra. Cuento con su inquebrantable complicidad, su belleza, su exasperante disciplina y su sonrisa, que ilumina cualquier oscuridad; su determinación y fuerza para alcanzar las metas, su coraje y ternura que me inspiran y me hacen valorar lo bello de la vida y lo vivo de los retos. 
Ella me ha revelado los enormes cariños que me rodean, y ha hecho de nuestra casa un hogar donde nos refugiamos con nuestros libros, la música y Lhasa, un peludo corazón. Ahí se fecunda la esperanza, la confianza en un futuro promisorio y una larga vida, plena y sana.





José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural